Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mientras hablan así entró la paloma que llevaba en el pico un incensario de oro y se metió en la habitación en la que habitualmente entraba. Al instante quedó todo el salón lleno de buenos aromas. Los servidores pusieron los manteles y se sentaron a comer, sin que nadie fuera llamado, pues allí no había nadie que dijera una sola palabra, sino que estaban todos en oración y plegaria, tanto los viejos como los jóvenes. No tardó mucho en salir de la habitación la doncella que llevaba en sus manos el Santo Grial. Tan pronto como entró en la sala se arrodillaron todos los que estaban allí, diciendo en voz baja: «Bendito sea el hijo de Dios, amén, que nos llena con su gracia».
A la vez que la doncella pasaba por las mesas, éstas se iban llenando de los mejores manjares del mundo. Y cuando terminó de pasar, según estaban puestas las mesas, regresó a la habitación de la que había salido y entró en ella. Entonces empezaron a hablar todos los que estaban callados en el salón; después quitaron los manteles. El rey fue entonces a apoyarse en una ventana del salón, acompañado por Boores. Empezaron a hablar de aquel que era más cercano, es decir, de Lanzarote, hasta que Boores le preguntó al rey la verdad acerca del niño. El rey le cuenta todo lo relativo a Lanzarote y a su hija, cómo fue hábilmente engañado y conoció a la doncella según el hombre conoce a la mujer.