Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Alrededor de mediodía hacía un gran calor extraordinario; Lanzarote encontró entonces un prado junto a una fuente en el que dos doncellas estaban comiendo cecina de ciervo a la sombra de dos olmos, bajo los que manaba la fuente. Saluda a las doncellas apenas las ve; éstas se levantan al verlo y le dan la bienvenida, rogándole que descabalgue y que vaya a comer con ellas, pues estaban solas, acompañadas por un enano que las servía. No se hizo de rogar, pues también deseaba descansar y no había comido en todo el día. Desmonta y se quita el yelmo; el enano le da agua para que se lave. Cuando ya estaba sentado con las doncellas, empezó a comer y a jugar y a hablar con ellas.
Después de comer, que Lanzarote descansó un buen rato, mira prado abajo y ve llegar a una doncella que venía corriendo lo más deprisa que podía, y que se dirigía hacia él. Cuando ya se encontraba cerca, le grita:
—Noble caballero, por Dios, tened compasión de mí y no me dejes matar delante de ti.
Al ver a la doncella que siente tanto miedo, Lanzarote tiene una gran lástima; se pone en pie, la toma entre sus brazos y le dice:
—Mi dulce doncella, no temáis. Por Dios, no debéis preocuparos de que nadie os haga daño mientras yo esté con vos.