Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Galván, buen sobrino —le dice el rey—, vamos a ver a vuestros hermanos.
Llegan al palacio y el rey los besa y se alegra igual que todos los de allí. Mordret le pregunta al rey:
—Señor, ¿ha llegado ya mi señor Lanzarote?
—No, lo siento; que Dios nos lo traiga pronto, pues no hay cosa en el mundo que desee ver tanto como a él.
En esto, salió la reina de su habitación, triste y afligida porque Lanzarote no llega. Al ver a los hermanos de mi señor Galván, les pide noticias y éstos le dicen que no lo habían visto desde el torneo de Penigue.
—Señor —dice la reina—, ya es hora de ir a la iglesia.
—Vayamos.
Se viste la ropa real, se pone la corona de oro en la cabeza, con un cetro de oro en la mano cuyo pomo tenía encima un águila de oro. El rey era de extraordinaria belleza y bien parecía un hombre valiente; era de tal edad que no debía tener más de cincuenta años. Miró a sus nobles, muy numerosos allí, y dijo en voz tan alta que todos lo pudieron oír: