Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después del primer plato, descabalgó en el patio mi señor Keu el senescal. Llegó la noticia al rey de que había desmontado un caballero de armas rojas. Cuando los compañeros que habían participado en el torneo de Penigue oyeron estas nuevas, se pusieron todo en pie en la mesa donde estaban sentados y le dijeron al rey:
—Señor, es mi señor Lanzarote el que ha llegado, lo sabemos por las armas que lleva.
—Dios, bendito seáis por habérnoslo devuelto. Ya no me preocupará nada de lo que ocurra. Id a él y traédmelo, pues si hay algún hombre por el que deba levantarme es él; aunque perdiera una ciudad por ello, no dejaría de ir a su encuentro.
Bajan corriendo y al ver que es Keu, se sorprenden y no saben qué decir. A pesar de todo, como es compañero de la búsqueda igual que los demás, le muestran la mejor cara que pueden.
Los enviados regresan al rey y le dicen:
—Señor, no es Lanzarote, sino Keu el senescal.
Al oír estas palabras, se aflige tanto que pierde el color y se pone negro como la ceniza. Luego, empieza a hablar diciendo:
—Ciertamente es una lástima que no regrese el valiente, pues esta casa mejoraría más con él que con cien de los que hay en ella. Sea bienvenido el senescal, pues mucho me agrada su llegada.