Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Por la mañana, tan pronto como amaneció el día, se levantó el rey y oyó misa con numerosos nobles y caballeros; cuando regresó al palacio, preguntó si Lanzarote había llegado y le dijeron que no.
—Dios, traédnoslo pronto.
—Vendrá —dice mi señor Galván— antes de la hora de tercia.
Deja el rey a sus nobles y va a la torre mayor, sube las escaleras y llega arriba; de allí se podía ver sin dificultad la tierra de alrededor hasta más de diez leguas, salvo por la parte que el bosque impedía que se viera. El rey mira un buen rato, sin ver a ningún caballero, ni cerca ni lejos, que se dirigiera hacia Camalot: pensaba poder reconocer a cualquier caballero con tal de que lo hubiera visto cabalgar en alguna otra ocasión. Cuando iba a bajar de la torre se dijo a sí mismo: «Ay Dios, ¿no va a venir nunca ése, a quien deseo ver más que a los demás?».
Mira hacia el bosque de Camalot y ve salir a un caballero con armas rojas que se acercaba despacio y con orgullo, que bien parecía un hombre de mucha resistencia, pero no ve ni servidores ni escuderos con él. Al divisarlo, el rey no duda de que es Lanzarote; baja de la torre lo más rápidamente que puede, se dirige a la sala y dice a los nobles que le esperan:
—Montemos y vayamos en busca de Lanzarote, pues lo he visto venir y ya está cerca de aquí.