Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Los jóvenes, que estaban deseosos de hacer algo bueno y de dar hermosos golpes, fueron a golpear en el muñeco y allí empezaron los bohordos tan violentos que antes de que terminaran hubo algún herido.
El rey subió a la muralla de la ciudad con la reina y los nobles más ancianos. Mi señor Galván, sus hermanos y muchos otros compañeros de la Mesa Redonda se cubrieron y armaron y tomaron parte en los bohordos. Lanzarote, que temía que hubiera alguna desgracia, no participó, ni quiso ir en todo el día, sino que retuvo a su lado a Héctor, a Boores y a Lionel y dijo que no quería que fueran. Se quedaron y mi señor Galván fue al prado y empezó a romper lanzas y a derribar caballeros delante de sí, haciendo tales proezas que el mismo Lanzarote, que estaba viéndolo, dijo que nunca había visto a un hombre desarmado hacer nada semejante.
Aquel día la reina se sentó junto a Lanzarote tan a solas que no había con ellos nadie de la parte del rey, sino que todos eran parientes de Lanzarote. Entonces, la reina empezó a preguntarle dónde había estado durante tanto tiempo y él le cuenta cómo había sido prisionero de Morgana durante dos inviernos y un verano.
—Lanzarote, tendréis que aprender. Ya os había dicho que os guardarais de ella: ya en otra ocasión estuvisteis prisionero suyo y no os puedo enseñar que no vayáis hacia donde ella está. ¿Cómo diablos caísteis entre sus manos esta última vez?