Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Al cabo de un rato, entró un caballero completamente armado, pero sin yelmo y con la ventana bajada, echada sobre los hombros. Va ante el rey y lo saluda:
—Rey Arturo, que Dios os salve a ti y toda tu compañía; te saludo de parte de la dama de Nohaut, de la que soy vasallo. Mi señora me envía a ti para que te diga que el rey de Northumberland le ha atacado y está asediando un castillo suyo. El rey le ha causado graves humillaciones, ha dado muerte a muchos de sus hombres y ha destruido sus tierras, y le exige unas promesas que mi señora no está dispuesta a aceptar. Ha habido embajadas por ambas partes, mediante caballeros y religiosos, y el rey sostiene que mi señora le hizo unas promesas que no ha cumplido, como reconocerá si hay un juicio. El rey está dispuesto a demostrarlo en un combate, en el que mi señora se tendrá que defender como pueda, o enfrentando a un caballero contra otro, o contra dos, o tres contra tres, o cuantos desee. Por eso mi señora te pide que la socorras, pues es vasalla tuya y tú eres su señor, y que le envíes un caballero que pueda mantener el honor de mi señora; está decidida a que el combate sea de uno solo.
—Buen amigo —le contesta el rey—, le mandaré auxilio con mucho gusto, y bien sé que lo debo hacer, pues le entregué la tierra que tiene; pero aunque no le hubiera dado nada lo haría porque es mujer valiente, agradable y noble.