Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Os debe pesar tal cosa, y yo no os lo agradezco pues habéis permitido que el muchacho más hermoso del mundo se haya comprometido en un asunto en el que sólo puede encontrar la muerte.
—Señor, por la fe que os debo porque sois mi señor, os prometo que yo no estaba delante y ya se lo he recriminado; más le valÃa haberse roto un brazo.
—Tenéis razón, y nunca vi a nadie a quien tal acción pudiera resultarle más dañina que a él, pues se ha metido en un asunto del que no podrá salir.
—Señor, por Dios —dice el muchacho—, agradezco vuestras palabras; es mejor que muera yo en vez de uno de los mejores caballeros de vuestra corte, pues valgo poco.
Entonces el rey baja la cabeza tan triste que las lágrimas le llenan los ojos.
Corrieron las palabras allà dentro y la reina se enteró y sintió un gran pesar, pues teme y tiene miedo de que la ame tanto que lo haya hecho por ella, y dice que es una gran pena y desdicha. Todos se compadecen por el muchacho y éste —en vista de la aflicción de todos— no se atreve a recordar al rey ni a nadie que le ciñeran la espada. Mientras, han puesto las mesas y los caballeros noveles, que se han quitado las armas, se sientan a comer.