Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, me voy, según me parece habéis concedido a vuestro caballero novel que combata; espero que hayáis tenido en cuenta que puede estar a la altura de las circunstancias.
—Me lo pidió como don; si no hubiera sido por eso yo os habría enviado a uno de mis mejores caballeros; de todas formas, creo que he hecho bien.
—Señor, me voy, con vuestro permiso.
—Id con Dios; saludad de mi parte a vuestra señora y decidle que si tiene miedo por el resultado de su batalla, que le enviaré dos, tres o cuantos caballeros desee.
—Muchas gracias, señor.
Se marcha de la sala y va a reunirse con el muchacho en el alojamiento de mi señor Yvaín, donde se estaba vistiendo las armas. Cuando ya estaba dispuesto, que sólo le faltaban el yelmo y los guantes, le dice a mi señor Yvaín:
—Ay, señor, se me ha olvidado una cosa muy importante.
—¿Qué?
—Señor, no me he despedido de mi señora la reina.
—Tenéis razón. Vamos.