Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —dice el muchacho al mensajero—, id andando, yo os alcanzaré en cuanto me haya despedido. Y vosotros —dice a sus escuderos— id con él y llevaos mi arnés.
Entonces ordena a uno de ellos que lleve una espada, pues piensa que se la ciña una persona distinta del rey.
—Señor —le dice el caballero que estaba esperando—, iré delante hasta la entrada del bosque, y me quedaré allÃ.
—De acuerdo, enseguida os alcanzaré.
Asà se separan el caballero y los escuderos del muchacho, y este vuelve con mi señor YvaÃn a la corte; pasan por la casa y por el salón donde estaba el rey con muchos buenos caballeros. El muchacho llevaba la ventana bajada, echada sobre los hombros. No tardan en llegar a la habitación de la reina. Cuando el joven la ve, no le cuesta trabajo reconocerla; se arrodilla ante ella y la contempla con gusto mientras se atreve, pero cuando le entra vergüenza, clava los ojos en el suelo. Entre tanto, mi señor YvaÃn dice a la reina:
—Señora, éste es el muchacho de ayer por la tarde, al que el rey ha armado caballero, y viene a despedirse de vos.
—¿Cómo, ya se va?
—SÃ, señora; va a prestar auxilio, de parte de mi señor el rey, a la Dama de Nohaut.