Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, Dios, ¿por qué permite mi señor que vaya? Ya tenÃa suficiente con la aventura del otro caballero.
—Ciertamente, señora, al rey le pesa mucho, pero él lo ha pedido como don.
Y, mientras, todos comentan:
—Es el muchacho que le ha arrancado los trozos de lanza y la espada al herido, ¡Dios, qué gran atrevimiento!
—¡Dios —exclaman damas y doncellas— qué bello es!; parece noble y apuesto, bien proporcionado en todos sus miembros. Debe ser digno de grandes hazañas.
Entonces lo toma por la mano la reina y le dice:
—Levantaos, buen dulce señor, pues no sé quién sois. Creo que sois más noble de lo que parece; si os he permitido que os arrodillarais ante mà fue por cortesÃa.
—Ay, señora —dice suspirando—, ¿me perdonaréis la locura que he cometido?
—¿Qué locura habéis hecho?
—Señora, que me he marchado sin despedirme de vos.
—Mi buen amigo, sois tan joven que se os debe perdonar y lo hago con mucho gusto.
—Señora, muchas gracias. Señora —añade—, si os parece bien me gustarÃa ser vuestro caballero en cualquier lugar en que yo estuviera.