Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por supuesto que me parece bien.
—Señora, ahora me iré, con vuestro permiso.
—Adiós, mi buen amigo.
—Muchas gracias, señora —dice sin que las palabras le pasen de los dientes—, por querer que sea vuestro caballero.
La reina lo pone en pie tomándolo por la mano y él se alegra al sentir su mano desnuda. Se despide de todas las damas y doncellas, y regresa con YvaÃn atravesando la sala. Cuando llegan al alojamiento, éste le arma la cabeza y las manos, y al ir a ceñirle la espada se acuerda de que el rey no se la habÃa puesto, y entonces le dice:
—Señor, por mi cabeza, vos no sois caballero.
—¿Por qué?
—Porque el rey no os ha ceñido la espada. Volvamos a que lo haga.
—Señor, esperadme aquÃ, que voy a ir tras mis escuderos que se han llevado la mÃa: no querrÃa que el rey me ciñera otra.
—Iré con vos.
—No, señor, pues iré a galope tendido; volveré a buscaros.