Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El criado va a las armas y se las trae; Perceval se arma lo más rápidamente que puede y después monta a caballo, toma el escudo, el yelmo y la lanza y se marcha de allí con el escudero que va en un rocín tras él. Cuando ya han salido del castillo, emprenden el camino y cabalgan hasta que llegan a un bosque. Al cabo de diez leguas inglesas, encuentran una casa vieja y destruida, cuyos muros estaban por el suelo. Perceval le dice al escudero que tiene ganas de dormir.
—Señor, descansad y yo cuidaré los caballos.
—Átalos —le contesta Perceval— y duerme, pues tú también lo necesitas.
El criado le responde que no dormirá, pero Perceval le ruega tanto que al fin ata los caballos y se queda dormido. Entonces Perceval piensa que nunca lo podrá dejar mejor, pues no quiere ninguna compañía, ya que todo lo que haga a partir de ese momento, sea para alabanza o para censura, quiere hacerlo tan en secreto que nadie lo sepa, pues está dispuesto a hacer cosas que le consigan fama y renombre; se dirige a su caballo, monta y deja al criado durmiendo. Cabalga hasta salir del bosque.