Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago A la hora de nona pasó por delante de él un hombre muy viejo, ermitaño de santa vida. Al ver al jabalí muerto y a los numerosos perros caídos alrededor, y a Lanzarote herido sobre la hierba, se dirige allí y lo saluda. Éste, que no conocía ninguna virtud, no le contesta y el santo hombre le pregunta qué le pasa, a lo que Lanzarote responde que está herido.
—Señor, ¿quién os lo ha hecho?
Es tan simple que no sabe decírselo, pero le señala el jabalí.
—Señor, os irá mal si no encontráis quien os ayude, pues habéis perdido demasiada sangre y por eso os aconsejaría, si podéis hacerlo, que vengáis a nuestra casa, que está cerca de aquí, y si Dios quiere, en ella encontraréis cura para vuestra enfermedad.
—Marchaos de aquí, que no tengo ningún daño.
—Señor, ¿qué decís? Así me salve Dios, pienso que estáis a punto de morir.
Al ver que le habla tanto, se enfada, toma la espada que estaba a su lado y la levanta para golpear al anciano ermitaño. Este retrocede y Lanzarote, al ver que no puede alcanzarle, le arroja la espada pensando darle en medio de la cabeza, pero falla, pues el santo hombre la esquiva.