Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por Dios, señor, no es asÃ, pues acabo de verlo completamente sano de cuerpo. Venid conmigo y os lo mostraré.
Entran en el jardÃn los dos sin más acompañamiento y se dirigen a la fuente donde Lanzarote estaba durmiendo. Cuando el rey llega allÃ, ve que es el que tanto tiempo ha estado en su corte como hombre enloquecido.
—Señor —le dice su hija—, ¿qué os parece? ¿No es mi señor Lanzarote del Lago?
El rey no contesta, sino que lo mira más y más y lo contempla hasta que reconoce que es Lanzarote. No puede callar más y lanza un profundo suspiro, las lágrimas le caen de los ojos por la cara. Cuando habla, dice:
—Ay Dios, ¡qué lástima! Ciertamente —añade dirigiéndose a su hija—, es el que vos decÃais. Vayámonos de aquÃ, que no se despierte, y me ocuparé de él lo mejor que pueda.