Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, si queréis quedaros con nosotros, os ocultaremos tan bien que no se oirá ninguna noticia vuestra, y si no queréis quedaros, sino que deseáis esquivar la compañÃa de mucha gente, me ocuparé de eso de tal forma que será suficiente, a mi parecer.
—Señor, no me quedarÃa aquà de ninguna forma, pues sé que mis amigos Ãntimos y los compañeros de la Mesa Redonda me buscarán por aquà y por otros sitios; no podrÃa permanecer mucho tiempo sin ser reconocido.
—Señor, ya que no queréis quedaros con nosotros, pensaremos en eso lo antes que podamos: os aseguramos que buscaremos un lugar como el que pedÃs, si podemos.
Después de estas palabras, dejaron de hablar los dos, y se levantaron de donde estaban sentados. El rey hace señas a los que habÃan acudido con él para que se retiraran y asà lo hicieron. Toma a Lanzarote por la mano y lo saca de allÃ, llevándolo a una habitación junto a la sala, y deja al caballero novel, el que le habÃa dado el vestido el dÃa anterior, para que lo acompañe. El joven empieza a mirar a Lanzarote fijamente, pues le sorprende que el rey lo haya alabado tanto; piensa que de alguna forma le sacará de la boca quién es y cómo se llama, y le dice: