Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando supieron que venía Lanzarote, fueron todos a su encuentro y lo recibieron con gran alegría, sirviéndole en todo lo que pudieron; de todos, fue la reina la que lo recibió con más alegría, pues tenía el mayor gozo que puede pensar el corazón humano.
Galaz dejó a su abuelo y cabalgó hasta que llegó a la abadía de monjas; permaneció allí hasta los quince años, en que era tan hermoso, valiente y ágil que no se podría encontrar su parejo en el mundo.
Junto a la abadía había un ermitaño de santa vida que acudía con frecuencia a ver a Galaz y que gracias a la voluntad de Nuestro Señor sabía algo de las virtudes del niño y por eso un día después de Pascua le dijo:
—Buen hijo, ya estáis en edad de recibir la orden de caballería, ¿por qué no os armáis caballero en Pentecostés?
—Señor, si Dios quiere, así lo haré, pues mis maestros me lo han dicho.
—Entonces procurad confesaros para estar limpio y expurgado de toda suciedad.
Le contesta que así lo hará, si Dios quiere.
Ese día hablaron juntos mucho tiempo. La mañana siguiente, a la hora de prima, el rey Arturo, que estaba cazando en el bosque, fue allí a oír misa y después de que la cantaran, el ermitaño lo llamó y le dijo: