Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora —le dice—, mi señor el rey Arturo me envÃa a vos para que libre vuestra batalla; estoy dispuesto a combatir cuando queráis.
—Señor, bendito sea mi señor el rey; sed bienvenido, os recibo de muy buen grado.
Se detiene entonces a contemplarlo y ve su cota rota en el hombro, en el sitio en que habÃa sido herido cuando conquistó a la doncella del lago; la herida se le habÃa empeorado mucho, pues no le habÃa prestado ninguna atención.
—Señor, estáis herido.
—Señora no tengo ninguna herida que me impida cumplir con mi deber en el momento que queráis; os propongo que sea ahora mismo o mañana.
La dama ordena que lo desarmen y ve que la herida era muy grande y profunda; entonces le dice:
—Por Dios, no es necesario que combatáis hasta que estéis curado; puedo aplazar la batalla.
—Señora, tengo mucho que hacer en otros sitios; debemos darnos prisa.
Le responde que en modo alguno permitirÃa que combatiera en tal estado; hace que vengan varios médicos y lo acuesta en una habitación; asà lo retiene durante quince dÃas, hasta que se repuso totalmente.