Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Sin esperar más, allí fueron cortadas las hermosas trenzas de la reina, que tenía la cabeza más bella de todo el mundo. Después le dieron los hábitos y la velaron. Al ver el criado que su reina ya había tomado el velo, decidió no permanecer más tiempo en el siglo, ya que su señora se había salido de él: se hizo lego y tomó los hábitos antes de que se marcharan de aquel lugar. Llevaron el cuerpo del rey a la abadía, que no estaba lejos de allí, y le hicieron las exequias que correspondían a un rey, enterrándolo en la misma abadía hasta que estuviera construido el convento en el lugar en que había muerto.
La reina se quedó en la abadía y la abadesa mandó construir un hermosísimo monasterio con bellas dependencias, que estuvo terminado al cabo de un año; entonces, llevaron al rey allí. La reina y otras dos novicias, dos capellanes y tres legos ingresaron en aquel monasterio.
Cada día que amanecía, después de oír la misa que se cantaba por el rey, la dama iba a la orilla del lago, al mismo lugar en el que había perdido a su hijo, leía el salterio y rezaba, llorando amargamente.
Pronto se supo que la reina Elena de Benoic se había hecho monja y el sitio se llamó Monasterio Real. El lugar creció, se ensancharon sus límites, y las buenas mujeres de aquella tierra iban allí a menudo por amor de Dios y de la reina.