Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —No lo sabÃa; ahora ya conozco la causa de la muerte del rey. No quiero seguir en el siglo. Señora, haced que recojan esta riqueza, oro, vajillas y joyas, y ordenad que construyan aquà un pequeño convento en el que cantarán y rezarán por la salvación del alma de mi señor.
—Señora —le dice la abadesa—, no sabéis lo duro que resulta mantener los votos, pues en ellos están todos los esfuerzos, todos los dolores y todos los peligros de las armas. Venid con nosotros a la abadÃa, pero continuad siendo reina, como es vuestro deber, pues los antepasados de mi señor el rey la fundaron y la dotaron.
—Señora, por Dios, os pido por Dios y por vuestra alma que me hagáis monja, pues ya no me importa el siglo y el siglo ya no me necesita. Si no lo hacéis, me iré por el bosque como una desgraciada y una perdida, de forma que pronto perderé el cuerpo y el alma.
—Señora, ya que lo habéis decidido, adorad a Dios y agradecédselo, pues nos alegramos mucho de vuestra intención y de que Dios nos envÃe la compañÃa de una dama tan buena y de tan alta reina.