Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, por Dios, decidnos si sois mi señora la reina.
La dama se desmaya y cuando vuelve en sÃ, la abadesa le repite:
—Por Dios, señora, no lo ocultéis; sé que sois la reina.
—Que Dios me ayude —contesta—, en verdad soy la reina del gran sufrimiento. (Y por el nombre que se puso, esta parte de la historia se llama «Historia de la reina del Gran Sufrimiento»). Señora, por Dios, nombradme novicia, pues no deseo otra cosa.
—Ciertamente, señora, lo haré con gusto, pero contadnos qué os ha ocurrido, pues estamos incómodos sin saberlo.
La reina le cuenta todo, cómo ha perdido la tierra, cómo ha muerto su señor en la colina y cómo un diablo con forma de doncella se ha llevado a su hijo.
Le pregunta entonces la abadesa cuál fue la causa de la muerte del rey, pero no le puede contestar porque no lo sabe.
—Señora, quizás haya sido por el dolor de ver que Trebes estaba ardiendo.
—¿Cómo —pregunta la reina—, arde?
—SÃ, señora; pensaba que ya lo sabÃais.