Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mientras tanto volvió a sonar el cuerno y salió el quinto caballero. Al verlo venir, el Caballero Blanco corrió al que estaba en el riachuelo, le quita el yelmo y le da un gran golpe con la hoja de la espada, de modo que antes de que llegara el otro, ya le había prometido ser su prisionero. Poco le preocupa el resto, al ver que había derrotado a cuatro: vuelve a su caballo, monta de nuevo y galopa contra el otro, con la espada desenvainada, pues no tenía lanza. El enemigo quiebra su lanza por lo deprisa que iba, y el Caballero Blanco le asesta tal golpe, con la rabia y la fuerza que llevaba, que le rompe el yelmo y la ventana en el lado izquierdo, de modo que el acero le baja por la oreja, cortándosela toda hasta el cuello, junto con la mejilla, y dejándole el cuello en tal mal estado que a duras penas puede soportar el yelmo: no se puede mantener en la silla y cae al suelo, golpeando con el casco al caer, de forma que por poco no se rompe el cuello; la sangre le vuela de la boca, de las narices y de las orejas, y se desmaya.
Ya empezaba a ser noche cerrada y desde la muralla no se veía casi lo que estaba ocurriendo. Cierran el portillo, mientras que los de la ciudad coinciden en que nunca habían visto un caballero tan rápido y tan seguro. Ha vencido al quinto, que le ha prometido mantenerse como prisionero suyo donde él quiera.
En ese momento llega la doncella que había hablado con él ante la puerta, y le dice: