Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Entrad, señor, pues esta noche no tendréis que combatir más.
—Doncella, todavÃa quedan muchos por vencer.
—Es cierto, pero no vendrán más hoy, pues han cerrado el portillo; mañana por la mañana podréis continuar.
—Siento, doncella, que no sigan saliendo, pues asà me quedarÃa menos que hacer, al haberme librado de la mayor parte. Decidme, si lo sabéis, si es justo que cese de combatir ahora.
—SÃ, pues el combate no debe continuar porque ya es de noche, pero mañana seguirá en el punto que quedó hoy; y si no fuera porque no debe detenerse aquà durante mucho tiempo el caballero que venga dispuesto a combatir, no hubierais dado un solo golpe esta noche, pues era demasiado tarde cuando llegasteis: alegraos, porque debéis estar cansado.
—¿Cansado? Ya lo verÃais si fuera de dÃa.
Entonces siente una gran rabia y vergüenza, temiendo que la doncella lo haya visto hacer alguna cosa indebida.
—Entrad conmigo.
—Doncella, ¿a dónde?
—Al lugar en el que os voy a dar muy buen alojamiento.