Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ten por cierto que si no fueras tan viejo te cortaría la cabeza ahora mismo por tu locura y por tu sordera; la vejez te ha salvado. Abre la puerta de inmediato y procura que no vuelva a estar cerrada.
Mientras tanto le han traído su caballo; monta pensativo y triste, y vuelve a salir por el postigo falso. La doncella le preguntó que a dónde iba y él respondió que ya volvería, «y no me sigáis ni un solo paso». Ella lo deja y el vigía abre la puerta.
Llega la noticia al rey, que acude rápidamente al lugar, y entra con la reina y con todos los demás, sin que se guardaran los honores: el que podía entrar primero, primero entraba. Dentro se encontraron con que la otra puerta estaba cerrada; entonces se dirigen al cementerio, donde el rey pide a sus clérigos que le lean las letras: empiezan a leer y a nombrar a bastantes caballeros de su mesnada y de otras tierras, hasta que llegan a una tumba en la que estaba escrito el nombre de mi señor Galván, y ponía: «Aquí yace mi señor Galván y ésa es su cabeza», y lo mismo decían otras tantas tumbas de todos los que habían ido con él.
Cuando el rey los oye nombrar, casi pierde la razón del dolor que siente, igual que la reina y todos los demás. Después de lamentarse durante un rato, le pregunta el rey al guardián de la muralla si aquella otra puerta se les mantendría cerrada siempre, y él responde que no.