Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —le dice la reina—, no queda más remedio que esperar, pues el que hasta ahora nos lo ha mostrado todo, seguirá haciéndolo.
—Señor —dicen los demás—, mi señora tiene razón.
Mientras, el Caballero Blanco entra en la sala, se quita del cuello el escudo y se pone el de las tres bandas, dejando allà el de las dos; después vuelve a salir, para ir a buscar a mi señor Galván; va a la calle y empieza a gritar la gente: «¡Detenedlo, detenedlo!». Salen el rey, la reina y los demás y ven que han cerrado las puertas.
Cuando el Caballero Blanco ve que cierran las puertas, mira a donde está el rey y ve a la reina a la entrada de la sala; entonces decide no irse sin contemplarla más de cerca. Se dirige allà y cuando ya está a su lado, desmonta y la saluda. Mientras tanto, todas las gentes gritan: «¡Rey, detenedlo! ¡Rey, detenedlo!». El rey va hacia el caballero y lo saluda; él le devuelve el saludo:
—Estas gentes —dice el rey— me piden a gritos que os aprese.
—Señor, haced que les pregunten por qué, pues creo que no he hecho nada malo.
El rey envÃa a saber la razón, pero las gentes se retraen. Entonces les dice el rey a la reina y a los caballeros: