Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, de alegrÃa.
—Doncella, ¿conocéis al caballero?
—SÃ, señor.
—Contestadme a lo que os pregunté.
—Es el mismo, sabedlo. ¿Cómo os llamáis?
—Me llamo Galván.
—Ay, señor, ¡sed bienvenido! ¿Me permitÃs que vaya con vos?
—Eso me alegrará mucho. Asà cabalgan juntos.
—Doncella —le dice él—, ¿amáis a ese caballero?
—SÃ, señor, más que a ningún hombre, pero no lo amo con el amor que os imagináis. No querrÃa que se casara conmigo y eso que no estará mal casado quien se case conmigo, pues soy bastante rica; pero, si Dios quiere, él se casará mejor. Señor, ¿os acordáis de una doncella que os encontrasteis el otro dÃa?
—SÃ, ¿erais vos? Me reprochasteis haber dejado a la doncella en la Dolorosa Guardia; después vi al caballero que estamos buscando.
—Es cierto; en aquella ocasión casi morà porque me dijeron que habÃa sido gravemente herido, y me tuve que acostar enferma. Después me dijeron que tomarÃa parte en esta asamblea y hoy me ha vuelto a decir un escudero que habÃa muerto.
—Doncella, ya que lo conocéis, decidme cómo se llama, quedaré libre de seguir buscándolo.