Historia de Lanzarote del Lago

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XXXVIII

El caballero herido estuvo bajo la protección de la dama de Nohaut hasta que se encontró un poco mejor; entonces, empezó a querer llevar las armas, de las que había descansado durante mucho tiempo.

Se dirige a la dama, se despide de ella y se marcha con su médico, al que la dama le pagó con largueza por su servicio.

—Maestro —le pregunta el caballero—, ¿no estoy suficientemente fuerte todavía para llevar armas?

—No, no podéis hacerlo, pues tendríamos que empezar de nuevo con todos los cuidados.

—¿No? Maestro, eso no se puede calcular si se presenta la ocasión.

—Tened cuidado al principio.

—Si me puedo valer de todos mis miembros es que estoy sano.

—¿No pensaréis ir a la asamblea?

—Sí.

—Y qué preferís, ¿estar sano en el combate y mientras tanto consideraros enfermo, o estar entonces enfermo y, mientras, sano?

—Por nada dejaría de llevar armas en la asamblea.

—Entonces, os aconsejo que os mantengáis en paz hasta ese momento; así estaréis sano y salvo, y con plena fuerza.


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