Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¿Sois vos? Si no estuviera seguro no se lo dirÃa.
—Vete. Soy yo; me has obligado a hablar como villano.
El criado se marcha lo más deprisa que el caballo lo puede llevar. El caballero acelera el paso tras él y llega cuando ya es de noche. Al pasar las puertas ve que todas las calles están alumbradas con gruesos cirios y antorchas, y que la puerta continúa cerrada. Entonces le sale al encuentro el escudero que habÃa ido a buscarlo y cuando lo ve el caballero, le dice:
—¿Dónde está mi señora la reina?
—Señor, os llevaré ante ella.
Lo conduce al palacio, que estaba sobre una roca cortada a pico y que sólo tenÃa una entrada, con puerta de hierro tan grueso que nada lo podÃa romper. El caballero se quita el yelmo, pero no se baja la ventana; el escudero le entrega un montón de velas diciéndole:
—Alumbrad delante de vos, que yo voy a cerrar la puerta.
Piensa que es cierto lo que le dice, pero no es asÃ: ha sido traicionado, pues la reina no estaba allÃ. Cierra la puerta tan pronto como puede y cuando el caballero se ve apresado, lo siente mucho, pues sabe que no podrá salir cuando quiera.