Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Entonces, iré con gusto.
Montan los caballos: el caballero de Daguenet no había roto su lanza, y sigue al otro.
Mi señor Yvaín oyó todo lo que habían hablado y decide ir tras ellos. Al cabo de un rato, el caballero que iba delante le dice al otro:
—Ahí tenéis a los dos gigantes que dominan esta tierra desierta: nunca se atrevió a pasar cerca de donde viven nadie que amara al rey Arturo, a la reina o que fuera de los de su mesnada. Id contra ellos si queréis: ahí está uno y allí el otro.
El caballero no dice nada, sino que embraza el escudo, se coloca la lanza bajo el brazo, pica al caballo con las espuelas y dirige la cabeza del animal hacia uno. El gigante lo ve venir y desde lejos le grita en voz alta:
—Caballero, si odias al rey Arturo, a la reina y a la gente de su corte, ven tranquilo, pues no tienes que preocuparte de nosotros; si los amas, considérate muerto.
—Los amo.