Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces escogió mi señor Galván a cuarenta de los que más amaba, y todos ellos se alegraron de poder acompañarlo. Fueron a armarse y después se presentaron al rey; trajeron los evangelios, pues era costumbre que no se marchara en busca de aventuras ningún caballero de la corte real sin haber jurado contar a su regreso toda la verdad de lo que le ocurriera; y si al ponerse en marcha no lo juraban, debían jurar al regreso para que les creyeran. Se arrodilla mi señor Galván ante el rey para prestar juramento, pero este toma la palabra y les dice:
—Señores caballeros, os vais; procurad que no sea en vano, pues sois todos tan buenos caballeros que no hay nada, por grande que sea, que no podáis llevar a cabo.
Mi señor Galván se quedó pensativo y luego, de rodillas como estaba, dijo a los caballeros armados:
—Señores, que cada cual jure en los mismos términos que yo voy a jurar.
Los otros así lo conceden.
—Ahora —continúa—, jurad lo que yo tendré que jurar, y después lo juraré yo.
Así lo hacen. A continuación mi señor Galván juró que diría la verdad al regresar y que no volvería sin el caballero que iba a buscar o sin tener noticias ciertas de él, y que regresaría con todos sus compañeros, a excepción de los que estuvieran muertos.