Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, muy buenas. Ha venido la flor de los caballeros de todo el mundo.
—Dios, ¿cómo puedo verlo? Quiero verlo de forma que nadie, más que vos y yo, sepa que es él, pues no deseo que otras gentes tengan ese gusto.
—Por Dios, asà será, pues me ha dicho que no quiere que le reconozca nadie de la casa del rey.
—¿Cómo, es conocido aqu�
—Señora, hay quien lo podrÃa reconocer si lo viera.
—Dios, ¿quién es?
—Por Dios, no lo sé, pues no me ha revelado su nombre todavÃa, ni me ha dicho quién es.
—¿No? Eso es admirable. Ya me tarda el verlo.
—Señora, en breve lo veréis, y os diré de qué modo. Iremos conversando hacia allà —y le indica un lugar cercano al prado y lleno de matorrales—, llevaremos el menor séquito posible: allà lo podréis ver un poco antes de que anochezca.
—¡Ay, qué bien habéis hablado ahora, mi dulce amigo! ¡Ojalá quisiera el Salvador del mundo que anocheciera ahora de inmediato!