Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago A continuación le cuenta todas las proezas tal como él se las había ido diciendo, y añade que Galahot lo conocía ya, pues fue el que llevó las armas rojas en el primer encuentro, «y sabed que todo ello lo hizo como resultado de tres palabras»: le cuenta cómo había sido, tal como ya habéis escuchado.
—Ay, señora, tened compasión de él, igual que yo hice lo que me pedisteis.
—¿Cómo puedo tener compasión?
—Señora, sabéis que os quiere más que a ninguna cosa, y por vos ha hecho más que cualquier caballero por su dama. La misma paz de mi señor el rey y yo a él se debe.
—Ya sé que ha hecho por mí tanto que nunca se lo podré pagar, sin contar la paz que ha conseguido. No hay cosa que me pida que no le dé de grado. Pero no me ha pedido nada, y está tan triste y desconsolado que no ha cesado de llorar desde que miró hacia aquellas damas; no pienso que sea por el amor de ninguna de ellas, sino porque teme que alguna lo conozca.
—Señora, de eso no es necesario hablar; tened compasión de él, pues os ama más que a sí mismo: yo ignoraba su secreto cuando vino, pero me advirtió que temía ser reconocido, y no me descubrió ningún otro sentimiento.