Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El caballero lo mira de reojo y, molesto, le responde:
—Buen señor, ¿qué más les da quién soy? No pienso decÃrselo ni a ellos ni a vos; dejadme estar, pues no necesito vuestra compañÃa ni la suya.
—Por Dios. Esto no quedará asÃ.
—¿Cómo entonces?
—Tendré que luchar contra vos si no me lo decÃs de grado.
—¿Qué decÃs? SerÃa un ultraje tener que revelar a la fuerza mi pensamiento, y nunca oà que por una causa semejante llegaran a combatir dos caballeros. Ahora no veo a ningún caballero digno de que se lo diga.
—Por Dios, tendréis que combatir contra mÃ.
—No deberÃais meteros en eso; de todas formas, lucharé contra vos antes que revelaros mi pensamiento.