Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La mañana siguiente se levantó muy temprano; yo había ido a la iglesia. Tomó sus armas e hizo, sin que yo lo supiera, que le acompañaran fuera de un castillo mío en el que estábamos. Mi sobrina se enteró, vino a buscarme a la iglesia y me dijo que Héctor se iba a la Fuente del Pino. Yo no quería faltar a misa, pues hasta entonces no había faltado nunca, que yo recuerde; hice que uno de mis criados montara en uno de mis mejores caballos y que llevara al pino las lanzas que viste allí y el escudo negro, porque sabía que al ver las lanzas Héctor se detendría, y al encontrar el escudo no se atrevería a avanzar más. El criado llegó a la fuente antes que Héctor, que se había estado armando, apoyó las lanzas alrededor del árbol y colgó de una rama el escudo. Cuando Héctor llegó y vio el escudo se dio cuenta de que había obrado mal y que ésa era la negra sombra que había visto en su sueño; se asustó tanto que no sabía dónde estaba y fue consciente de que había provocado la cólera de mi sobrina y mía. Fue entonces cuando empezó a lamentarse, según viste. Al cabo de un buen rato, pensó que era despreciable por lamentarse tanto, pues se redimiría en cuanto encontrara a Segurades, al que no dudaba vencer: entonces obtendría el gozo que le había sido prometido. Así, le parecía que ya había derrotado a Segurades, y su júbilo era tan grande que le impulsaba a expresar la alegría. Cuando se acordaba de su amiga, que se había enfadado con él, y recordaba que tenía que llevar el escudo negro, sentía tal tristeza que volvía a las lamentaciones del principio. Luego, pensaba que su amiga y yo éramos tan nobles de corazón, que no le recriminaríamos por haber faltado a su promesa, y por eso volvía a ponerse contento.