Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora —dice el enano—, me ordenasteis que fuera en busca de mi señor Galván, pero no era cosa que se pudiera hacer rápidamente, pues no suele estar mucho en la corte y el plazo que me dabais era demasiado breve. En cambio, os traigo al caballero que he podido hacer venir: es aquel que va cabalgando entre los escuderos.
—Bella prima —dice la dama dirigiéndose a su prima—, os agradezco que hayáis venido; confÃo mucho en vos, pues vos me tendrÃais que ayudar si todo me fallara.
—Bella dama, ciertamente os ayudarÃa cuanto pudiera, pero ¿por qué me lo decÃs?
—Porque os ruego que hagáis que Héctor combata por mÃ.
—Señora, no esperéis eso de mÃ; por Dios y por su verdadero cuerpo, preferirÃa renegar de Dios antes que hacer que Héctor combata contra Segurades, aun en el caso de que Héctor fuera completamente armado y Segurades desarmado.
Ante estas palabras, la dama tira del freno y se golpea un puño con el otro en señal de dolor, mientras dice:
—Ay, desdichada de mÃ; me puedo dar por muerta ahora que me ha fallado la cosa en que yo más confiaba del mundo.
Entonces el senescal la sujeta, sugiriéndole: