Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván se alegra con las palabras que acaba de pronunciar el senescal, y las recibe con mucho gusto; igual le daba combatir en ese momento que tres días más tarde, pero le agradan las últimas palabras. Entre tanto, el escudero le dice al senescal:
—¿Cómo, señor? ¿Vuestro caballero está cansado y fatigado por haber vencido a uno, dos o tres de los nuestros?
—Buen señor, decidle a vuestro señor que mi dama le hace saber que se encuentra muy a gusto sin marido y que ha enviado a buscar a cuantos ha podido, para que contemplen el combate, pues no se debe librar en secreto el combate por una cuestión tan importante; y decidle también que hay quien ha deseado durante mucho tiempo que se librara esa batalla; ahora podrán llegar en el momento oportuno.