Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El escudero se marcha, amenazando al senescal y al caballero, que siguen comiendo. Al terminar, mi señor Galván se levanta y se dirige a uno de los extremos de la sala, donde hay por lo menos sesenta lanzas; toma una, la que le parece más gruesa y fuerte; limpia la punta y el asta cuidadosamente a la vista de cuantos allà están, y después la raspa por lo menos dos pies. A continuación, se dirige a sus armas, mira que no falte nada, ninguna correa, el tiracol, las abrazaderas o cualquier otra cosa que sea necesaria en su arnés. Héctor y todos los demás consideran digna de estimación esta actitud, y al senescal le agrada y gusta lo que está haciendo mi señor Galván.
Pasa todo el dÃa y el dÃa siguiente. Cuanto más observan a mi señor Galván, más lo aprecian, pero en ningún momento le preguntan por su comportamiento, pues temen enojarle. Cuando llegó el tercer dÃa, mi señor Galván madrugó y fue a la iglesia; al enterarse la dama va tras él y se lo encuentra arrodillado ante el crucifijo, con un bellÃsimo aspecto, y le gustó más que nunca. Entonces le dijo el senescal:
—Señora, señora, vos no sabéis quién es ese caballero, pero parece que es hombre noble y valiente. Yo os aconsejarÃa que le dierais alguna prenda de vuestro amor; quizás de ese modo aumentará su valor, pues las damas han ayudado a muchos valientes.