Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La dama acepta. Llama a una de sus doncellas y le ordena que le traiga un cofre del que saca una correa con las puntas de oro, bien labrada, y un broche de oro árabe con zafiros y esmeraldas. Luego, se acerca a mi señor Galván y le dice que Dios le dé buen dÃa.
—Señora, que Dios os alegre; sea lo que sea de los demás dÃas, sé que hoy deseáis que me vaya todo bien.
—Lo deseo ahora y lo desearé en otras ocasiones, pues por mà os habéis comprometido a hacer una cosa que nunca podré pagaros: aquà os traigo una prenda de mi afecto; os ruego que lo llevéis como recuerdo mÃo. Sabed que me considero completamente vuestra: combatid ahora valientemente por vuestra amiga.
A continuación le entrega la correa y el broche; él se ciñe la correa y se pone el broche en el cuello. La dama se le echa a los pies y le suplica; él se apresura a levantarla, mientras que le dice que esté tranquila y que no tiene por qué preocuparse. Cuando el enano oye estas palabras, comienza a reÃrse diciendo:
—Por Dios, si éste, caballero no está borracho o loco, nunca conocà a un borracho o a un loco.
En esto, ha empezado la misa y se disponen a oÃrla. Luego, regresan a la corte, donde se encuentran con dos caballeros de avanzada edad que montan sendos palafrenes, y que le dicen a la dama: