Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, nuestro señor os espera fuera desde esta mañana.
El senescal, que es muy discreto, les responde que acudirán de inmediato.
A continuación se marchan los dos caballeros, y Héctor y el senescal se disponen a armar a mi señor Galván. Cuando ya estaba armado, a excepción de la cabeza y las manos, se pone por encima una capa aguadera; le traen su palafrén y monta; había allí unos criados que le llevaron el escudo y la lanza, y condujeron el caballo. Entonces montan también la dama, servidores, damas y doncellas, y salen de la ciudad. Mi señor Galván cabalga junto a la dama, mientras que el senescal no deja de mirarle hasta la saciedad, pues ve su decidido comportamiento; se acerca a la dama y le dice:
—No pensaba que este caballero fuera tan noble y valeroso; hemos hecho muy mal no preguntándole su nombre.
Mi señor Galván oyó estas palabras y avanza un poco, disimulando como si no hubiera oído nada. La dama le responde al senescal que se lo preguntaría antes de que se pusiera el yelmo en la cabeza. De este modo cabalgaron hasta la liza: allí se había reunido una gran multitud de ambos bandos para contemplar el combate. Se detienen la dama y los suyos, a la vez que mi señor Galván se le acerca y le dice: