Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, estoy aquà dispuesto a librar la batalla por vos, con la ayuda de Dios: os ruego y os suplico que a cambio de todos mis servicios me concedáis un don que os voy a pedir y que no os costará nada.
Ella se lo concede.
—Señora, me habéis otorgado, y asà os lo ruego, que no me preguntaréis mi nombre antes de siete dÃas.
Ella asà lo acepta.
—Sabed —añade la dama— que es la primera cosa que os iba a preguntar.
Cuando el senescal lo oye, lo siente mucho, y la misma dama se considera bastante defraudada.
En eso, llegan tres hombres a caballo: dos de ellos vestÃan capas pluviales, y el tercero —que iba entre éstos— llevaba puestas las calzas, la cota de mallas y los guanteletes, y llevaba abierta la ventana. La cota tenÃa tantas bandas de oro como de azur. Este caballero era grande, corpulento y robusto; sus pies eran cavos y tenÃa piernas largas y rectas, fuertes los riñones y delgada la cintura; su pecho era ancho y bien alto; los brazos, gruesos, largos y bien provistos alrededor de los huesos; tenÃa puños cuadrados, hombros anchos y rectos; color adecuado al cuerpo; cabeza grande, morena, con algunas canas; rostro fruncido, lleno de heridas y con los dientes hacia afuera.