Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Escucha, yo te he criado y te he hecho mucho bien; si te mato, quiero que me perdones, pues nadie sabe tan bien como nosotros cómo se ha entablado este combate.
Cuando éste lo oye, se tiene por loco, porque su señor le habÃa pedido lo que él debÃa haberle pedido al rey:
—Señor Claudás, señor Claudás, hay más nobleza en vuestro corazón que en todos los corazones del mundo: ahora me habéis enseñado tanto que no lucharé contra vos, pues es cierto que si yo os diera muerte aquà donde estamos, siempre se me considerarÃa como asesinato y como traición, y lo mismo ocurrirÃa con vos si fuera al revés.
Ahora oye Claudás algo que le gusta: le concede lo que pide y su servidor se despide de él, diciendo que se encontrarán tres dÃas más tarde ante el rey de Gaula.
—¿Cómo? —exclama Claudás—. No te he concedido eso para que te vayas, pues tu juramento serÃa vano, ya que yo te habrÃa llevado a un paÃs extraño para que me sirvieras y tú me habrÃas abandonado en el momento en que yo más te necesitaba, que no me gustarÃa por nada que me encontraran con tanta pobreza; te ruego que te quedes conmigo y que me sigas sirviendo.
Le contesta que no servirá ni un solo dÃa más a su enemigo mortal, ni seguirá a su servicio.