Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —le responde—, soy el criado que hace un rato os devolvió vuestro caballo; soy natural de esta tierra, de un castillo mÃo que hay más allá, llamado Chaningues. Os ruego por Dios, y para mayor comodidad vuestra, que aceptéis albergaros conmigo esta noche y hasta que se os hayan curado vuestras heridas. Me parece que no tenéis intención de volver al sitio de donde venÃs; yo os albergaré en el lugar más oculto y más cómodo que hayáis visto: tenéis gran necesidad de reposo.
—Amigo, muchas gracias, pero todavÃa no es el momento de que busque alojamiento un hombre que tiene tantas cosas como yo; no tengo heridas que me obliguen a guardar reposo y mi caballo —gracias a Dios— es fuerte y está fresco: aún podré cabalgar durante mucho tiempo.
—Señor, el lugar en el que os albergaré no está cerca de aquÃ: será noche cerrada antes de que lleguemos. Os llevaré allà sin rodeos como si hubiera un cordel tensado, apartándonos del camino, de forma que no os podrá encontrar ni en el camino ni en la casa nadie que os vaya siguiendo. Os ruego, señor, que vengáis, pues será para mà un gran honor que hombre tan valiente como vos se albergue en mi casa.