Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, bien sé que no os podré retener con facilidad, y lo siento, pero concededme el primer don que os pido después de haber sido armado caballero: es que me dejéis las armas que trajisteis de Roestoc, y que vos llevéis las mías que son muy buenas y bellas; ésa será la prueba de que vos me habéis armado caballero, y nada de lo que me pudierais dar me gustaría tanto.
Mi señor Galván se lo concede con mucho gusto.
Entonces trajeron las armas de Helaín. La cota era una de las mejores que había visto mi señor Galván en su vida; el escudo era completamente blanco, como la nieve, tal como era habitual en aquel tiempo, que el caballero novel debía llevar el escudo de un solo color el primer año; el yelmo era bueno y bello. Mi señor Galván quedó muy bien armado con aquellas armas, que le sentaban muy bien. Se quitó la correa y el broche que le había regalado la dama de Roestoc y le dijo a la doncella:
—Tomad esto que mi señora de Roestoc me dio en prueba de afecto; os lo doy como muestra de afecto.
Ella los coge y se lo agradece mucho. Pide su caballo, monta y los encomienda a Dios; después, le dice a la doncella que sepa que él es su caballero y que lo será toda la vida; la joven se alegra mucho.