Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La reina se alegró mucho con estas noticias; retuvo a la doncella con grandes agasajos y pensó en el corazón quién podía ser el caballero. Después, tomó la palabra el caballero herido, pidiendo licencia a la reina, pues todavía tenía que cabalgar durante mucho tiempo. La reina le dijo que se quedaría allí hasta que tuviera curado el brazo, que no estaba obligado a montar tan pronto; él respondió que tenía que hacerlo, pues el caballero que le había vencido le había hecho prometer que tan pronto como hubiera visto a la reina, se presentaría a la dama de Roestoc, y que así lo haría si era leal cristiano y caballero, «y no sé, señora, dónde está Roestoc, y nunca estuve allí».
Cuando la dama de Roestoc lo oye, se adelanta rápidamente y le pide al caballero más noticias, diciéndole que es a ella a quien tenía que presentarse.
—Señora —responde el caballero—, salva sea vuestra gracia, no lo creo, pero si mi señora la reina lo atestigua, lo aceptaré sin dudar.
A la reina ya le tarda oír noticias del caballero, por lo que inmediatamente corrobora que aquélla es la dama de Roestoc.