Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces, se deja caer a los pies de la reina, llorando con ternura. La reina hace que se levante, y retrocede pensativa; sale de la habitación y llama a la sobrina del enano, a la que dice que es necesario que permita que Héctor vaya en busca del caballero. Ella le responde que Dios no le vuelva a ayudar a partir del dÃa en que le pida u ordene tal cosa a Héctor. La reina le contesta que si quiere mantener su juramento, que no se lo pida, ni se lo ordene, «sino permitidle que se vaya y otorgádselo sin más»; si no lo hace asÃ, que sepa que perderá su tierra y que ella misma será puesta en un lugar tal que no podrá tener dominio sobre su propio cuerpo. Cuando la doncella ve que no le queda más remedio que hacerlo, dice que si Dios quiere, Héctor no irá al peligro por una súplica o por una orden suya, pero que si quiere ir, ella lo tolerará. Héctor se alegra con estas palabras y afirma que irá con mucho gusto.
—Por Dios —le dice la doncella a Héctor—, no quiero estar en la misma situación que la dama de Roestoc; y ya que habéis prometido ir en su búsqueda, yo quedo libre. Señora —añade, dirigiéndose a la reina—, ¿quedo libre?
—Ciertamente, cuando haya jurado emprender la búsqueda.
—Asà me ayude Dios, no será por falta de juramento; y que sepa que no se irá solo, pues yo iré con él.