Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Mirad, señora, ése es el escudo de vuestro caballero, al que Héctor va a buscar.
Al verlo, le huye toda la sangre y se tiene que sentar, pues no se puede mantener en pie. El criado se acerca: no habrÃa nadie en la mesnada que no lo reconociera, si no estuviera en tan mal estado.
—Señora —dice el criado—, os traigo muy buenas nuevas de mi señor Galván, que está sano y salvo.
La reina no deja que siga hablando: toma el escudo, lo besa, lo abraza y muestra tal alegrÃa con el escudo como con el criado que lo habÃa llevado. Éste le dice a la dama de Roestoc:
—Señora, HelaÃn de Chaningues os saluda y os hace saber que tanto le habéis aconsejado que se armara caballero, que ya lo es, por mano de mi señor Galván, y que este mismo fue el que libró el combate por vos contra Segurades.
Cuando oye que fue mi señor Galván, no hay un dolor mayor que el suyo, y añade que —asà le ayude Dios— nunca volverá a tener alegrÃa; después le pregunta al criado cómo fue, y él les cuenta la verdad: «He aquà su escudo; todas sus armas se las entregó a mi señor HelaÃn y él se quedó con las armas de mi señor Galván».