Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La mañana siguiente al día en que se fue Héctor, a la hora de tercia se dispuso la dama de Roestoc a regresar a su tierra: acudió a pedir licencia del rey y de la reina; el senescal le dejó a ésta, por sus ruegos, el caballero herido, para que le curaran las heridas, y con la condición de que volvería a su lado cuando estuviera sano. El rey y la reina se esforzaron en retener a la dama algún tiempo más, pero no pudo ser, pues estaba muy triste y le molestaba ver a mucha gente. Así, pues, se despidió del rey y de la reina; ésta y la dama de Malohaut le insistieron tanto a la sobrina del enano, que decidió quedarse con ellas para oír noticias de Héctor, pues siempre llegaban nuevas y aventuras a la corte, y en ella encontraría mayor solaz y compañía que en ningún otro sitio.
Cuando la dama estaba despidiéndose de la reina, entró un criado que llevaba al cuello un escudo que no estaba entero, pues tenía grandes agujeros de lanza por encima y por debajo de la bocla, y estaba rajado y partido por golpes de espada, de forma que no quedaba en total ni una tercera parte: sin embargo, aún se podían reconocer bien los colores: el campo era de oro con un león de sinople. El criado pregunta por la dama de Roestoc; le dicen que está con la reina; va a la habitación en la que se encontraban, y allí desmontó. Cuando el enano y el senescal lo vieron entrar, dijeron: