Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Dios os bendiga, señor caballero, si os lo merecéis.
—¿Cómo, doncella?
—Ninguna doncella debe hablar con caballero, si éste no ha aconsejado antes a alguna doncella, habiéndosele presentado el lugar y la ocasión de hacerlo, y si la doncella lo necesitaba.
—Doncella, en ese sentido no debo perder vuestro saludo, pues pienso haberlo merecido.
—Entonces, que Dios os conceda buena ventura.
La doncella se calla, sin detenerse. Mi señor Galván vuelve a hablarle tan rápidamente como puede, intenta detenerla y le dice:
—¡Eh, doncella, esperadme! Quiero hablar con vos.
—No lo haré, señor caballero, pues serÃa una gran afrenta el detenerme con vos.
—¿Por qué?
—Ciertamente, voy tras el mejor caballero que existe después de uno que conozco; si me detuviera con vos dejarÃa de buscar al más valeroso, por vuestra culpa y no sé lo que valéis.
—Doncella, por lo que más queráis del mundo, ¿quiénes son esos dos buenos caballeros? DecÃdmelo.
La doncella tarda en responder:
—DecÃdmelo, y que Dios os conceda el llevar a buen término lo que vais buscando.