Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, doncella, dejad mi espada, pues bien podéis ver que estoy en peligro de muerte.
—Dejad la espada —le responde ella—, pues quiero tenerla yo.
A continuación les hace señas a los caballeros de que lo deja, y vuelven a atacarle, golpeándole en el yelmo y en los hombros, y cuidando de no herir a la doncella, que tiene por el puño a mi señor Galván y no quiere dejarlo por nada que diga. Él no quiere golpearla, pero siente cómo los otros le golpean; entonces, suelta la espada y se esfuerza con todo su valor: ataca a uno de ellos con el brazo y con el cuerpo, tirándolo al suelo, de forma que la espada le vuela de la mano; él la toma, y se lanza contra los demás; ahora les parece más fuerte y vigoroso que al principio, a pesar de lo mucho que le han golpeado y herido.
De nuevo acude la doncella, le sujeta el brazo para quitarle la espada, y él le dice:
—¡Ay, doncella!, según me parece, no os socorrà debidamente.
Abandona la espada y se dirige al caballero, le quita el escudo y lo toma con la mano derecha por la abrazadera, y con él golpea al más alto y más fuerte en medio de la cara, y era el que tenÃa la espada más hermosa; lo derriba al suelo desmayado, pues le ha aplastado el nasal y se lo ha metido en la cara; le arranca de la mano la espada y le dice a la doncella: