Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay, doncella! Dejadme esta espada y os daré las de todos ellos, si las queréis tener, tardaré muy poco.
La doncella comienza a decir:
—Esperad, señor caballero, esperad un momento.
Entonces lo sujeta por el puño y les ordena a los caballeros que se retiren.
—Por Dios —dice mi señor Galván—, dejadme. Bien podéis ver que sólo quedan cuatro.
Sin embargo, ella se lo lleva a la habitación de la que habÃa salido, y le dice que tendrá que pagar el rescate.
—¿Qué rescate?, pregunta.
—El que os han pedido los caballeros.
—¿El de la sangre?
—Asà es.
—Que Dios no me vuelva a ayudar si no prefiero morir, pues no habrá dÃa que no se me reproche.
—Entonces, no saldréis nunca de mi prisión.
—Por mi fe, no sé que voy a hacer, pero no pienso salir nunca pagando ese rescate.